Carroña politiquera
El desastre dejado por el huracán “Otis” a su paso por Guerrero ha sacado a la superficie mucha de la antológica miseria que ya se le conoce a la clase política de este país, pero que resulta especialmente repugnante cuando de lucrar con una tragedia se trata. Tanto del lado oficialista como del opositor, se han antepuesto –con sus raras excepciones- los intereses políticos por encima de los de miles de personas que lo perdieron todo y que se encuentran desesperadas, en una situación que se torna caótica y que podría escalar aún más si no se ofrecen salidas a lo que claramente constituye una emergencia humanitaria. Aunque se ha visto obligado a dejar que fluya con menos restricciones, la intención del gobierno de Andrés Manuel López Obrador de que los militares acaparasen la entrega de todos los apoyos enviados para los damnificados fue manifiesta desde el inicio de la emergencia. “Queremos que la distribución de las despensas las haga la Secretaría de la Defensa y la Secretaría de Marina, no las autoridades civiles ni del gobierno federal, ni del gobierno estatal, ni del gobierno municipal. Mucho menos organizaciones sociales llamadas no gubernamentales o de la sociedad civil”, dijo el presidente en un audio que se difundió al menos los primeros días de la emergencia por perifoneo en las calles de un devastado Acapulco.
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