El perdedor del debate
Rara vez veremos campañas electorales que se centren en las propuestas. El tono suele darlo el contraste entre lo que se ha hecho o dejado de hacer, los supuestos logros, los evidentes fracasos y las omisiones que no se han reflejado en que se finquen responsabilidades. Algo así fue lo que se pudo observar durante el primer debate de las candidaturas presidenciales del pasado domingo. Pocas propuestas, muchos señalamientos y demasiada tensión en un formato que se ha vuelto demasiado rígido y que, además, tuvo una pobreza en materia de producción muy acorde con el sexenio que está en sus últimos días. Xóchitl Gálvez tenía todas las de ganar. Iba armada con un arsenal de temas para cuestionar no solo a Claudia Sheinbaum sino al régimen obradorista en general. Pero no supo aprovechar lo que tenía –implicación de la madre de la morenista en los Panama Papers, evidencia incriminatoria por su omisión en el derrumbe del Colegio Rébsamen, su total responsabilidad en la tragedia de la Línea 12 del Metro- y los nervios se la comieron, luciendo insegura, incómoda y trastabillante. Su peor momento fue el que debería haber sido el mejor: la salida. Se puso a leer su mensaje final y lo que habría sido un gran gesto, mostrar la bandera que la “4t” suele secuestrar como si le perteneciera, fue tirado a la basura cuando la mostró al revés, convirtiéndose en un meme.
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