Dos años: el saqueo y la simulación

PLANA MAYOR

Morena llegó al poder con un singular mensaje a los votantes, primero servir a sus devotas cofradías –auténticas sanguijuelas en su mayoría-, luego una terapia  profundo con los programas clientelares y después apelar para refrendar su mayoría en las elecciones intermedias del 2021 en la Cámara de Diputados.

“No somos iguales (sic)” a los políticos del PAN o el PRI, dice el discípulo del gurú de Palacio Nacional con su  lenguaje borrascoso y muletillas para justificar sus fracasos con las pandemias y exhibir sus pírricos logros en  la entidad.  

En dos años, el gobierno morenista llevó a Veracruz a la involución social; la crisis de la narcoviolencia, la bancarrota económica, el desempleo y feminicidios, empeoraron, están en la cresta. No hay nada que celebrar. Ahora hay que sumar la crisis sanitaria por el brutal desabasto de medicinas esenciales.

La entidad está atrapada por diferentes pandemias, provocada en su mayoría por una clase política morenista inexperta, indolente, soberbia, entrelazada por trapecistas, depredadores, filibusteros, engañabobos y aventureros que criminalizan a opositores o periodistas, solo por ejercer la libertad de expresión.

“No somos como los otros (sic)”, insiste en repetir el mismo guión el novel góber Cuitláhuac García, como el incendiario del púlpito ‘mañanero’, por la corrupción que caracterizaron gestiones del PAN y el PRI en los dos y casi 80 años cuando gobernaron a Veracruz.

La política de Morena, según su guía moral y filósofo  AMLO, “no hay comparación (resic)”. Pero del PRD salió el catequista y liberal transnochado para fundar el Movimiento Regeneración Nacional, una vez que dejó fracturado y en la inopia a los cuadros del sol azteca.

El discurso del bailador y discípulo del tabasqueño, Cuitláhuac García, es como escupir para arriba. Acabó siendo “lo que hacían los otros” y peor, los dineros públicos se manejan con discrecionalidad, con sentido patrimonialista.

Sin rendición de cuentas, ni transparencia. La opacidad reina en todas las columnas, se impone por encima del estado de derecho, en las dependencias del Poder Ejecutivo y, en los poderes Judicial y Legislativo, actúan con su falaz  ejemplo.

Lo de “no mentir, no robar y no traicionar”, y “no somos como los otros”, es una vil demagogia, una entelequia, una patraña, un emblema clientelar. Hay un saqueo perverso de los dineros públicos, mediante la ‘licuadora’ y empresas fachada, similar al de su cómplice abyecto, el voraz y ahora presidiario Javier Duarte.

Cuitláhuac, el “honesto”, según el sacerdote del oráculo de la cuatroté y de la ‘nueva moral’ de Palacio Nacional, es un gran simulador, un  singular mentiroso –sofista-, un mercachifle morenista.

Repudió los lujos, el derroche, empresas fantasma, la licuadora, la simulación, el doble discurso, el pandemónium, los excesos, los programas clientelares, los ‘aviadores’ que ejercieron sus antecesores para mantener el control férreo del aparato político estatal, y acabó siendo devorado por la prevaricación aviesa del poder público.

Los excesos, crímenes de conciencia, corrupción y peculados que cometieron sus sucesores Miguel Ángel Yunes Linares y Javier Duarte, quedaron en el limbo. El gobierno de Cuitláhuac y la Fiscalía General del Estado, de facto, otorgaron el “perdón y olvido” a los bucaneros que provocaron la bancarrota del erario público del gobierno de Veracruz.

No es paradójico que Cuitláhuac haya mutado. Con el paso de los meses, el góber cambió su metamorfosis kafkiana-el poder lo obnubiló-, se hizo el desentendido para seguir los procesos legales de los exgobernadores Miguel Ángel, Javier Duarte y de Karime Macías, y dejó toda la carga a la FGR, dado que los delitos que se les instruyen son en su mayoría de carácter federal.

En 15 meses, como cualquier camaleoncillo, el lema y filosofía obradorista “no mentir, no robar y no traicionar” lo echó al cesto de la basura para irse a vivir a la residencia oficial del gobierno de Veracruz, con todo el pandemónium que implica, gastos onerosos, una servicial servidumbre, escoltas, caos vial y una costosa cava que no la tiene ni Obama, y desde ahí despachar los asuntos oficiales con la tranquilidad y cántico de los pájaros. 

Cada vez que Cuitláhuac dispone de sus conciliábulos con su equipo de gobierno o con líderes de Morena –gobierna en forma facciosa y con las oligarquías o ínsulas de poder afines-, el entorno vial de la Casa Veracruz se convierte en una barahúnda por los excesos de los agentes de Tránsito para privilegiar a la comitiva del góber de la simulación.

A dos años de la llegada de los morenistas al gobierno de Veracruz –el 15 entregó el 2ª Informe de Gobierno-, el cambio anhelado que esperaba el imaginario colectivo quedó en la discursiva oprobiosa porque el Estado cayó en el retroceso medieval, con una política del ‘garrote’, impunidad y con ríos de sangre del crimen organizado como blasón.

Veracruz navega en un torcido estado de derecho, con el mensaje subliminal de ”perdón y olvido” para los depredadores del erario público, bajo el báculo de la justicia dirigida y promesas incumplidas y mentiras del titular del Poder Ejecutivo, que se ha ganado a pulso el repudio y encono de la sufrida sociedad civil y ciudadanos de a pie.

gau41@hotmail.com

Twitter:@12hrsver

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