…DESPUÉS AVERIGUAMOS

La noche del 24 al 25 de junio de 1879, el presidente Porfirio Díaz

ordenó al gobernador interino de Veracruz, Gral. Luis Mier y Terán,

que sofocara una rebelión para derrocar al propio Díaz y propiciar

el retorno de Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876). «Mátalos en

caliente, luego averiguamos», fue al parecer la orden presidencial

 en un mensaje cifrado (con variantes no desmentidas al paso de

 los años), que el gobernador recibió en el puerto y obedeció sin

 chistar. Nueve de los conjurados fueron fusilados; a otros se les

aplicó la “ley fuga”. Ninguno fue sometido a proceso judicial.

Los equipos de demolición continúan su tarea sin miramientos, sin medir posibles consecuencias, o quizás hasta peor, ignorándolas. Más que borrar, todo indica que la orden es destruir. Al fin máquinas, la tarea irracional prosigue.

Entre otras lamentables decisiones del gobierno, ahora estamos ante la acometida, una más, contra enclaves de nuestra vida institucional: 109 fideicomisos, muchos de ellos blindados, inexpugnables, porque se les abrieron espacios para servir a México, no para hacerlos blanco de arrebatos sin sentido. Me atrevo a calificar de estúpida esa consigna a partir de un hecho que ha llamado la atención de buena parte de la opinión pública, incluidos académicos e investigadores afectados: parece que no saben qué hacer con ellos.

¿Estamos frente al mexicanísimo más adelante lo veremos? ¿Por qué se mantiene intacto el fideicomiso de aduanas con disponibilidad de 70 mil millones de pesos? Las respuestas son un galimatías inaccesible: ¿Van a reemplazarlos parcialmente? ¿Con qué o con quiénes los van a reemplazar, si así ocurre? ¿Que va a pasar con los convenios de investigación suscritos, por ejemplo, por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE)?

Una vez más las vaguedades amenazan con desplazar a la inteligencia. Es una práctica sistemática: la ocurrencia contra el razonamiento. La oscuridad contra la luz.

No escarmentaron los diputados de Morena con el ridículo hecho en mayo anterior, cuando tuvieron que congelar (entre otros fideicomisos), la inminente desaparición del Fondo de Inversión y Estímulos al Cine, defendido con valentía por los directores Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu. Una de las diputadas derrotada fue Dolores Padierna, que tuvo que confesar su sorpresa ante la férrea protesta de los cineastas afectados. 

Pero el apetito destructor sigue vivo. Las tinieblas envuelven los montos del nebuloso gasto social, del que nadie rinde cuentas claras todavía. La ridiculez del espantapájaros (hay otro calificativo más puntual) en que quedó convertida la rifa-no rifa del avión presidencial. Los brutales (por irreflexivos) recortes presupuestales al principio de este sexenio de pesadilla, que dejó en la calle a miles de mexicanos calificados para dejar paso libre a un pequeño ejército de improvisados. El desastre inocultable de Pemex. La pesadilla de los niños con cáncer. La impunidad de los parientes rapaces. El desempleo creciente de compatriotas, que según la OIT llegó ya a 6 millones de mexicanos.

La criminalidad galopante. La Constitución violada flagrantemente por la inseguridad y la incapacidad manifiesta para combatir al delito. El entretenimiento mañanero anecdótico para una desvergonzada audiencia de focas. El repudio enfermizo y cínico a la verdad. Los feminicidios (no dejaré de repetirlo), siguen escondidos en los pliegues mal planchados de la misoginia.

Es inevitable recordar cómo han terminado (si es que ya terminaron), las tragicomedias urdidas en torno a los casos que tanto apetito mediático han despertado (con todo y el escarnio presidencial, pero nada más). Como el tantas veces postergado caso de Emilio Lozoya. O como la justicia y el castigo ausentes en la “consulta popular” (con el testimonio inocuo de la Corte), para sancionar presuntos delitos de ¡cinco ex presidentes de la república!, en vez de que la “investidura presidencial” actúe, los detenga, los someta a juicio y los meta y la cárcel en nombre del pueblo al que dice servir.

Consultas chafas o cuando menos amañadas, como la que se hizo para justificar el tren maya, obra (¡una más!) para cuyo refuerzo ya fue requerido el ejército.

 La visita a la semi bucólica Badiraguato, en Sinaloa, para “supervisar” cómo va la carretera hacia Guadalupe y Calvo y de paso saludar a la mamá de El Chapo Guzmán y abuela de El Chapito, detenido y puesto en libertad por órdenes personales del presidente,

La ocupación (¿hay otra palabra?) de los mencionados 109 fideicomisos significa (como en las guerras) la eventual ocupación de 68 mil 500 millones de pesos. Poco, pero dinero debe haber en las arcas públicas, a la luz del apoyo brindado a los gobiernos de El Salvador y Honduras. Además, el presidente sigue decidido a salvar a Pemex y a la CFE

Lo importante es dilucidar si el gobierno de la llamada 4T finalmente se quitará el antifaz e intentará convertir a México (claro, si puede) en una autocracia, para volver a un remedo del Maximato o en una caricatura chavista.

También, digo, si hace falta despojarnos de nuestras ínfulas constitucionales y republicanas. Tomemos aire y preparémonos, como en la novela de Jorge Ibargüengoitia (“Estas ruinas que ves”, 1975), a recordar los fantasmas del pasado que llegaron a destruir nuestro presente y nuestro futuro.

O la orden (citada en el epígrafe de este texto) enviada desde el Palacio Nacional la noche del 24 al 25 de junio de 1879, por el dictador Porfirio Díaz al gobernador de Veracruz, Luis Mier y Terán, para sofocar en el puerto la rebelión de leales a Sebastián Lerdo de Tejada: Mátalos en caliente. Después averiguamos.

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